domingo, 22 de septiembre de 2013

Experimentacion con perros: Beagles

Los científicos han tomado a los Beagles como un “modelo canino” debido a que sus músculos, sistema cardiovascular y órganos son en lo general, muy similares a los del humano. Sin embargo, de acuerdo a la Sociedad Americana Anti-Viviccionista (AAVS), estas explicaciones sólo buscan justificar algo más simple. Su tamaño pequeño (de 33 a 55 cm. de alzada a la cruz) no sólo facilita su manipulación a los laboratoristas, también implica que estos perros ocupen menos espacio. Por otra parte, son una raza que tiene mucha resistencia física y su temperamento equilibrado los hace animales adaptables a cualquier medio.
Los Beagles son usados principalmente para el desarrollo de nuevas drogas, armas militares e investigaciones clínicas, aunque tampoco están exentos de los productos agrícolas, de limpieza para el hogar y cosméticos. Algunas de las pruebas que más se realizan en ellos son: la administración de sustancias tóxicas a través de tubos o comida (las cuales perforan sus gargantas y estómagos), quemaduras mortales por corrosión de ácidos, la aplicación directa de químicos en su piel rasurada, o la inoculación (para observar una enfermedad y/o probar medicamentos).
Desde los años ochenta, importantes activistas y asociaciones defensoras de los derechos animales no solo se han encargado de exponer la crueldad de los experimentos, también han evidenciado el maltrato que reciben los perros por parte del personal de los laboratorios. Uno de los casos más sonados sucedió contra Huntingdon Life Sciences (HLS), una empresa británica cuya actividad es la experimentación animal. En 1997 la activista Zoe Broughton causó revuelo cuando envió al Canal 4 una grabación oculta que revelaba cómo algunos empleados de HLS golpeaban a varios cachorros Beagle. Si bien, no fue la primera acción emprendida contra HLS, fue la primera vez que dos empleados fueron arrestados bajo los cargos de “aterrorizar cruelmente a perros”.

Un negocio redondo

Mientras haya una demanda existirá una oferta, y como aún existen cientos de empresas que insisten en la experimentación, los Beagles representan un negocio redondo. La demanda más fuerte proviene de Europa y la granja Marshall es uno de los principales proveedores. Fundada en 1939 en Nueva York, Estados Unidos, este laboratorio y criadero de animales es uno de los más grandes del mundo. En el caso específico de los Beagles, estos son criados para la vivisección. Granja Marshall ha sido citada incontables veces por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos por cometer una serie de violaciones a la Ley de Bienestar Animal. En 2007, se desató un escándalo luego de que la organización PETA denunciara el transporte de cuando menos 50 Beagles a los laboratorios viviseccionistas Charles River, de Escocia, a través de la aerolínea Lufthansa. La denuncia hacia Lufthansa se basó en las condiciones de hacinación bajo las cuales fueron transportados los perros; la denuncia hacia Granja Marshall continúa siendo el maltrato que se le da a los Beagles y el objetivo por el que se crían.

La realidad

El que los Beagles sean escogidos por su supuesta similitud con los humanos, no garantiza por ejemplo, ninguna efectividad en las medicinas. Tales fueron los casos de la Talidomida y el Clioquinol que en el momento en que fueron administrados en humanos, solo provocaron resultados trágicos. ¿Por qué? La lógica es muy simple. La genética de los Beagles es diferente y en realidad, los datos que se obtienen son sobre estos, no sobre los humanos. Las pruebas están en las cifras. Tan sólo en 2002, el índice de muertes por reacciones adversas a los medicamentos se quintuplicó en el Reino Unido y, en Estados Unidos, es la sexta causa de muerte, por lo que cabe preguntarse si en verdad resulta beneficioso el sacrificio de millones de estos perros para productos que finalmente serán dañinos para los humanos.

Maltrato Animal, por Nelly Glatt F.

En la actualidad vivimos, de manera constante, en un clima de inseguridad e incertidumbre. La violencia se expresa de formas relacionadas entre sí. Diariamente nos vemos sacudidos por hechos dramáticos que nos preocupan y conmueven.
El maltrato animal es, a la vez, un factor que predispone a la violencia social y, al mismo tiempo, una consecuencia de la misma. Forma parte de la cascada de la violencia que nos va alcanzando a todos como individuos y como sociedad.
La violencia es “un acto intencional que puede ser único o recurrente y cíclico, dirigido a dominar, controlar, agredir o lastimar a otros. Casi siempre es ejercida por las personas de mayor jerarquía, es decir, las que tienen el poder en una relación, pero también se puede ejercer sobre objetos, animales o contra sí mismo”.
La violencia inhibe el desarrollo de las personas y puede causar daños irreversibles, adopta diferentes formas de expresión que pueden variar desde una ofensa verbal hasta el homicidio.
La crueldad es “una respuesta emocional de indiferencia o la obtención de placer en el sufrimiento o dolor de otros, o la acción que innecesariamente causa tal sufrimiento; ha sido considerada un disturbio sicológico. La crueldad de los niños, que incluye a los animales, es un signo clínico relacionado a desórdenes antisociales y de conducta”.
En las familias en las que hay violencia, ésta es más frecuentemente dirigida hacia los más débiles, lo que incluye ancianos, mujeres, niños y animales de compañía. El maltrato hacia los animales es tolerado por aquellos que lo observan; se minimizan sus causas y sus efectos, y los padres, maestros y comunidades que no dan importancia al abuso animal en realidad incuban una bomba de tiempo.
Debe hacerse énfasis en que la detección, prevención y tratamiento de la violencia hacia los animales es un acto de humanidad en sí mismo. Los animales son criaturas que se encuentran, en relación al ser humano, en un nivel de inferioridad dentro de la escala evolutiva; esto nos hace responsables de su bienestar, ya que tener supremacía lleva consigo una obligación, una responsabilidad, que es la de cumplir como guardián de las especies inferiores en términos intelectuales. Si realmente queremos combatir la violencia, una parte de nuestra lucha consiste también en erradicar el maltrato a otros seres vivos.
El segundo punto que quiero destacar es el que esta violencia hacia los animales nos puede servir como detector y señal de alerta hacia la violencia intrafamiliar, ya que la crueldad hacia los animales y la violencia humana tienen una relación directa. Debemos saber que los niños que maltratan a sus animales de compañía pueden ser testigos de actos crueles contra seres humanos o ellos mismos ser víctimas de abuso por alguien mayor y con más poder.
Estos niños, a la vez abusados y abusadores, están aprendiendo e internalizando la violencia que ellos mismos perpetuarán al ser mayores y al tener sus propias familias. Este maltrato puede ser el único signo visible de una familia en la que existe el abuso, y esto puede ayudar a descubrir al responsable de la violencia en esa familia.
Una persona que abusa de un animal no siente empatía hacia otros seres vivos y tiene mayor riesgo de generar violencia hacia otras personas. La Asociación Siquiátrica Americana lo considera como uno de los diagnósticos para determinar desórdenes de conducta. Si un niño nos habla sobre el maltrato a su animal de compañía, podría estar hablándonos también de su propio sufrimiento.
Amenazar con lastimar al animal de compañía puede ser una forma de violencia sicológica que se utiliza contra el niño para que se “porte bien” o como una forma de mantener en secreto algún tipo de abuso al que éste está siendo sometido. Según los especialistas, protagonizar u observar actos de crueldad pude llegar a ser tan traumático como ser víctima de abuso físico y, por lo tanto, es altamente probable que el niño presente un alto riesgo de convertirse en padre abusivo, quien a su vez puede producir otra generación de niños violentos.
Algunas de las características que pueden presentar los niños y jóvenes que abusan de los animales son: sentirse indefensos y bajo el control de otros; usan a los animales como víctimas para demostrar su autoridad y poder; emplean a los animales como chivos expiatorios por el enojo que sienten hacia otras figuras de autoridad que los maltratan; ; son discriminados de algún modo; reciben castigos severos; tienen baja autoestima; sienten gran recelo contra la sociedad; tienen bajas calificaciones y están aislados socialmente.
Algunas características del contexto familiar de quienes abusan o maltratan animales son: adultos que fueron abusados sexualmente en la infancia; adolescentes que presentan una relación con sus padres, familia y compañeros más negativa que los no maltratadotes (Millar y Knutson, 1997). El abuso hacia los animales es más frecuente en hogares en los que existen otras formas de violencia, el alcohol o abuso de drogas.
La crueldad origina violencia, y la violencia, delincuencia. En un estudio hecho en Estados Unidos se comprobó que no todos los maltratadotes de animales se convierten en asesinos en serie, pero todos los asesinos en serie tienen antecedentes de maltrato a animales (Gena Icazbalceta). La gran mayoría de los niños puede vivir una etapa en la cual pueden lastimar insectos como parte de la exploración del mundo; sin embargo, con el correcto asesoramiento de sus padres, consiguen comprender que los animales son sensibles al dolor.
La educación que se les da a los niños les ayuda a establecer sus valores y patrones de comportamiento. Ellos adquieren sus principios morales y éticos imitando a los modelos que tienen a su alrededor.
Tomando en consideración todo lo anterior, solamente podemos llegar a la conclusión de la imperiosa necesidad que existe del esfuerzo integrado de padres, profesores, trabajadores sociales, veterinarios, pediatras, asociaciones de protección animal y sicólogos para prevenir el maltrato a los animales y su posterior transformación en violencia social